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Texto sobre la experimentación animal, para difundir

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Con la "excusa" del día internacional del animal de laboratorio (24 de abril), subimos un panfleto que se ha estado repartiendo en Madrid, para leer y difundir por la red y también el enlace para descargarlo en pdf listo para imprimir (a4 a doble cara). Se titula "Experimentando... con otr@s". Aprovechamos también para anunciar que hay una nueva web sobre el tema: www.acabemosconlaexperimentacionanimal.com

 

 

Experimentando... con otr@s

Cada año 150 millones de animales son criados o capturados y encarcelados de por vida para ser víctimas de nuestros experimentos; una vida de sufrimiento que nosotr@s hemos decidido para ell@s por ser de una especie diferente a la nuestra.

 

Si, por ejemplo, a una perra desde que nace no le dejamos andar, ni correr, ni ver el sol, ni revolcarse por la hierba, ni tener contacto con ningún otro perro, y le obligamos a vivir sola, en una jaula, ya le estamos robando la vida aún antes de empezar cualquier experimento con ella. Le robamos la vida a los millones de ratones, perr@s, hámsters, cobayas, gat@s, primates, conej@s, caballos, ovejas, cerd@s, anfibios, peces y otros animales que, por el mero hecho de no pertenecer a nuestra especie, nos creemos autorizad@s a utilizar como simples objetos, pasando por alto que tienen el derecho natural a la vida y la libertad.

 

La experimentación con animales es una de las mayores injusticias y desigualdades que l@s human@s hemos cometido y seguimos cometiendo en el supuesto nombre del conocimiento y del progreso. El conocimiento es supuesto, ya que la reacción metabólica ante una enfermedad es muy distinta si ésta, en lugar de ser contraída por el estilo de vida, alimentación, predisposición genética… lo es por inducción forzada, como ocurre en los laboratorios. Enfermedades humanas son experimentadas en animales que de forma natural nunca las desarrollarían, por lo que son “imitadas”, causándoles dolencias semejantes (como espasmos por electroshock para imitar la epilepsia), pero obteniendo respuestas evidentemente distintas a las nuestras. Algunas enfermedades (coronarias, cáncer) resultado del seguimiento de determinados estilos de vida durante décadas, se intentan reproducir en animales en sólo semanas o meses. Por otro lado, el confinamiento en laboratorios y el estrés sufrido por los animales distorsiona su respuesta, y una gran cantidad de efectos secundarios producidos pasan desapercibidos en los animales, que no nos pueden comunicar un dolor de estómago, jaqueca, náusea, visión borrosa, malestar, etc.

 

El progreso también es supuesto, ya que un alto porcentaje de los experimentos se destinan a veterinaria de animales “de consumo humano” (enfermos desde el nacimiento por la vida que les obligamos a llevar para que produzcan más y más rápido), cosméticos, pinturas, aceite para el motor del coche, detergentes, insecticidas y pesticidas, animales y plantas transgénicas, prácticas propias de la Edad Media que aún se realizan en algunas facultades, etc. Productos que ya tenemos, experimentos con alternativas o avances que dudosamente mejorarán la calidad de vida humana, más bien al contrario. Caso aparte son los experimentos militares, en los que se tortura y asesina animales para avanzar en la tortura y el asesinato de human@s.

 

La gran mayoría de la población rechaza el uso de animales para cosmética o fines militares, pero los experimentos biomédicos no son igualmente cuestionados por tod@s, y es aquí donde se produce el debate.

 

Una gran parte de las prácticas y experimentos biomédicos pueden ser sustituidos por otros que no impliquen el uso de animales; en muchas facultades de biología y medicina de todo el mundo (por ejemplo, en Harvard, Stanford o Yale) no se experimenta con animales, usando métodos alternativos con excelentes resultados. Muchos experimentos biomédicos actuales se siguen haciendo con animales por inercia o por intereses económicos (ya que existen alternativas), con lo que afirmar que si no fuese por la experimentación con animales no dispondríamos, por ejemplo, del medicamento X es muy atrevido, pues no podemos asegurar que no se hubiese podido desarrollar sin utilizar animales. De hecho, se han dado multitud de avances médicos sin la utilización de animales y si se invirtiesen la cantidad de recursos que ahora se destinan a experimentar con animales en métodos sin animales quizás dispondríamos ya de muchos otros.

 

Los animales respondemos de distintas maneras a los mismos productos, por lo que el efecto en otros animales puede ser el mismo o el contrario que en nosotr@s. Ni respondemos siempre igual, ni siempre diferente, lo cual reduce la extrapolación de los resultados. Por ejemplo, la aspirina provoca defectos de nacimiento en ratas, ratones, perr@s o cobayas, y la muerte en gat@s. La insulina causa malformaciones en ratones y conej@s. La penicilina mata a las cobayas. El arsénico puede ser consumido en grandes cantidades por ratones y ovejas. La morfina es sedante para las personas, pero excitante para gat@s, ratones y cabras. La estreptomicina es un antibiótico muy usado, pero en ratas es teratogénico. La estricnina es mortal para nosotr@s pero inocua para cobayas, mon@s y gallinas. La digitalina es una medicina para el tratamiento de enfermedades cardíacas cuyo uso oficial fue retrasado muchos años al aumentar la presión sanguínea de l@s perr@s, etc., y así con una interminable lista de productos.

 

La investigación en animales tiene una tasa de fracaso de un 92% al aplicarse en human@s, ya que sólo el 8% de las drogas farmacéuticas que pasan a través de los métodos de investigación animal, lo hacen a Fase 1 y 2 de pruebas clínicas (BioMed Central, 2004).

 

Pero, ¿qué pasa con aquellos experimentos que son útiles para la ciencia y que sólo pueden hacerse sobre animales?

 

Con todo lo dicho hasta ahora, parece obvio que estos experimentos son un pequeñísimo porcentaje del total de los que se hacen actualmente. Esta experimentación sigue siendo injusta, puesto que parte de la consideración de que para nuestro avance científico, enfermedades, adicciones, tecnología, etc., podemos usar las vidas de animales de otras especies diferentes a la nuestra porque esas especies son inferiores. Es en el momento en que alguien considera al que tiene enfrente inferior, cuando el sufrimiento, la libertad y la vida de éste deja de importarle o le importa menos. Esto es lo que ha ocurrido en el pasado con la experimentación sobre human@s no-voluntari@s por ser considerad@s inferiores por cuestiones de raza, religión, capacidad intelectual, etc., como los experimentos sobre los efectos de la sífilis a largo plazo con 399 afroamerican@s no voluntari@s en Tuskegee desde 1932 hasta 1972, los experimentos de Josef Mengele durante la década de los cuarenta en Alemania, y otros. Es una obviedad que para el avance de la medicina y de la calidad de vida de un@s human@s, lo mejor sería experimentar con otr@s human@s no voluntari@s (ya que l@s voluntari@s suelen estar ya enferm@s y ser un número demasiado bajo como para obtener resultados extrapolables), pero esto no se nos pasa a ningun@ por la cabeza.

 

Pasemos de la inferioridad por raza, sexo, religión o nivel económico a la inferioridad por la especie a la que se pertenezca. Si nos hacemos las preguntas anteriores, probablemente algunas personas responderían que sí, que podemos usar la vida de un@s para encontrar soluciones que afectan a la vida de otr@s. Pero, si es nuestro avance científico, nuestras enfermedades, nuestras adicciones a nuestras drogas, nuestros productos cosméticos, nuestros limpiahogares, nuestra tecnología, nuestros ejércitos y nuestras guerras ¿Por qué metemos a los animales en esto? Qué le importa a una rata nuestra obesidad, a un perro nuestro tabaco o a un conejo nuestro champú?

 

¿Por qué les obligamos a sufrir y a morir por nuestros problemas, por nuestros caprichos, por nuestros productos? ¿Es tan dificil ver la injusticia y el egoísmo de esto?

 

Pensamos que podemos usar a los animales para lo que queramos porque les consideramos inferiores y despreciamos su sufrimiento porque su vida vale menos que la nuestra. Y esa inferioridad se debe a que no pertenecen a la “especie afortunada”, que, curiosamente, es la nuestra. ¿Cuándo se puede decir que un@ es inferior o superior a otr@? ¿Acaso existen la inferioridad y la superioridad absolutas? Explicaremos por qué no: un ave puede volar y una persona no; eso no hace al ave superior en términos absolutos a una persona, sólo la dota de una capacidad (el vuelo) de la que la persona carece. Un tiburón nada más rápido que una persona y eso no le hace superior en términos absolutos (“El tiburón es superior al humano”), sino sólo superior en lo relativo a la velocidad de la natación.

 

La mayoría de l@s human@s, aunque no tod@s (bebés, personas con discapacidad intelectual profunda o enfermedades y parálisis cerebrales, personas en coma...etc.) poseen ciertas capacidades intelectuales de las que carecen (o hasta el momento es lo que se dice) los animales no humanos. Esto nos ha servido para autoproclamarnos superiores en términos absolutos al resto de animales. “Soy superior a un animal porque soy más inteligente”. L@s human@s hemos decidido que la posesión de estas capacidades intelectuales es lo que marca nuestra superioridad absoluta sobre el resto de los animales. Si hubiésemos elegido la velocidad de carrera o de natación, el vuelo, la vista, el olfato, el oído, la capacidad de entrar en letargo, la agilidad, la orientación, etc., seríamos del montón o de l@s peores; esto nos demuestra que se puede ser superior a algo (o alguien) en algo, pero no simplemente superior. Por lo tanto l@s human@s no somos superiores al resto de los animales, somos mejores en unas cosas y peores en otras. Hemos definido la superioridad absoluta en base a aquello en lo que tenemos una superioridad relativa para así ser l@s am@s del mundo, pero tendríamos que ser superiores en todos y cada uno de los aspectos (lo cual es imposible, ya que muchos aspectos se oponen) para ser absolutamente superiores.

 

Otro problema a esta afirmación está en que much@s human@s quedan fuera del grupo de “l@s superiores” si nos guiamos por la capacidad intelectual. Si ponemos el umbral en el punto en el que tod@s l@s human@s lo superasen (incluida la persona con mayor discapacidad intelectual, un recién nacido y un enfermo que esté “vegetal”), entonces también lo superarían un gran número de especies animales. Si sacamos a todos los animales de nuestro círculo, habría que sacar a muchas personas, con lo que el círculo es bastante ficticio. Por lo tanto, realmente no hay ninguna justificación para que tod@s l@s human@s seamos superiores al resto de animales más allá de que pertenecemos a “la especie elegida”, volviendo al comienzo de la reflexión y dándonos cuenta de que entramos en un círculo sin sentido.

 

Asumamos ahora en el contexto de la experimentación animal que el resto de los animales son menos inteligentes que nosotr@s (sin entrar en que eso les haga inferiores). ¿Qué importancia tiene la inteligencia para la capacidad de sufrir? ¿Es realmente importante si una gata puede hacer abstracciones mentales de la realidad cuando le estamos quemando la piel o trepanándole el cráneo? ¿Bajo que premisa están justificadas las descargas eléctricas a un ratón? ¿Cuál de nuestras capacidades mentales le haría falta a un mono para librarse de una vida de constante padecimiento y soledad en la jaula de un laboratorio? ¿Cuál es el requisito que no cumplen ninguno de estos animales (y que cumplimos tod@s nosotr@s) y que los libraría de los experimentos?

 

Todos los animales queremos vivir libres, huir del dolor y buscar el bienestar; somos iguales en estas cosas, que son las importantes más allá de nuestras diferencias. Qué más da el resto, de qué color seas o cuánto pelo tengas. Si no aprendemos a mirar a los animales y a apreciar lo que realmente son, pensaremos que estamos rodead@s de seres estúpidos que sólo saben comer y dormir, y siempre estaremos sol@s en la cima de nuestra montaña.

 

En el texto se han tratado muchos aspectos más o menos complejos, pero la cuestión de fondo de la experimentación es bien simple: hay opresor@s y oprimid@s. Este tipo de situación requiere un posicionamiento, ya que l@s que pueden cambiar una situación de opresión y no lo intentan, son de alguna manera cómplices de ella con su pasividad.

 

Cada un@ debe pensar con quién está; nosotr@s lo tenemos claro.

 

 

Más información en:

acabemosconlaexperimentacionanimal.com

acabemosconelespecismo.com


 

 

 

Para descargar el pdf pincha aquí.


Texto sobre la experimentación animal, para difundir